Anaí volvió a dejar huella en la gran Colectiva Junkabal, donde sus obras se alzaron como paisajismos contemporáneos exquisitos. Con cada trazo celebró no solo los 30 años de esta cita nacional, sino también su propia presencia crucial en el arte guatemalteco.
Ante la mirada del público, sus paisajes no se limitan al lienzo: son territorios de emoción y misterio, horizontes que nos recuerdan que la pintura sigue siendo un viaje profundo hacia lo que somos.